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Gran debate en la asamblea general de los houyhnhnms y cómo se decidió. -La cultura de los houyhnhnms.

-Sus edificios. -Cómo hacen sus entierros. -Lo defectuoso de su idioma.

Una de estas grandes asambleas se celebró estando yo allí, unos tres meses antes de mi partida, y a ella fue mi amo como representante de nuestro distrito. En este consejo se resumió el antiguo y, sin duda, el único debate que jamás se suscitó en aquel país; y de él me dio mi amo cuenta detallada a su regreso.

La cuestión debatida era si debía exterminarse a los yahoos de la superficie de la tierra. Uno de los partidarios de que se resolviera afirmativamente ofreció varios argumentos de gran peso y solidez. Alegaba que los yahoos no sólo eran los más sucios, dañinos y feos animales que la Naturaleza había producido nunca, sino también los más indóciles, malvados y perversos; mamaban, a escondidas, de las vacas de los houyhnhnms, mataban y devoraban sus gatos, pisoteaban la avena y la hierba si no se los vigilaba continuamente y causaban mil perjuicios más. Se hizo eco de una tradición popular, según la cual no siempre había habido yahoos en el país, sino que en tiempos muy lejanos aparecieron dos de estos animales juntos en una montaña, no se sabía si producidos por la acción del calor solar sobre el cieno y el lodo corrompido, o por el légamo o la espuma del mar. Estos yahoos procrearon, y en poco tiempo creció tanto la casta, que inundaron e infestaron toda la nación. Los houyhnhnms, para librarse de esta plaga, dieron una batida general y lograron encerrar a toda la manada; y después de destruir a los viejos, cada houyhnhnm encerró dos de los jóvenes en una covacha y los domesticó hasta donde era posible hacerlo con un animal tan selvático por naturaleza. Añadió que debía de haber gran parte de verdad en esta tradición y que aquellos seres no podían ser ylhniamsly -o sea aborígenes de la tierra-, como lo indicaba muy bien el odio violentísimo que los houyhnhnms, así como todos los demás animales, sentían por ellos; odio que, aun cuando merecido, por su mala condición, no habría llegado nunca a tal extremo si hubieran sido aborígenes o, al menos, llevasen mucho tiempo de arraigo en el país. Los habitantes, con la ocurrencia de servirse de los yahoos, habían descuidado imprudentemente el cultivo de la raza del asno, que era un bonito animal, fácil de tener, más manso y tranquilo, sin olor repugnante y suficientemente fuerte para el trabajo, aunque cediese al otro en la agilidad del cuerpo; y si su rebuzno no era un sonido agradable, era, con todo, muy preferible a los horribles aullidos de los yahoos.

Otros varios mostraron su conformidad con estas apreciaciones, y entonces mi amo propuso a la asamblea un expediente cuya idea inicial había encontrado, indudablemente, en su trato conmigo. Aprobó la tradición citada por el honorable miembro que había hablado y afirmó que los dos yahoos que se tenían por los dos primeros aparecidos en el país habían llegado a él por la superficie del mar, y, una vez en tierra, y abandonados por sus compañeros, se habían retirado a las montañas, y gradualmente, en el curso del tiempo, habían degenerado, hasta hacerse mucho más salvajes que los de su misma especie habitantes en el país de donde aquellos dos primitivos procedían. Daba como razón de este aserto que a la sazón él tenía en su poder cierto yahoo maravilloso -se refería a mí-, del que la mayor parte había oído hablar y que muchos habían visto. Les refirió luego cómo me habían encontrado; que mi cuerpo estaba cubierto totalmente con una hechura artificial de las pieles y el pelo de otros animales; cómo yo hablaba un idioma propio y había aprendido por completo el suyo; los relatos que yo le había hecho de los acontecimientos que me habían llevado hasta allí, y que cuando me vio sin cubierta apreció que era un yahoo exactamente en todos los detalles, aunque de color blanco, menos peludo y con garras más cortas. Añadió cómo yo había trabajado por persuadirle de que en mi país y en otros los yahoos procedían como el animal racional director y tenían a los houyhnhnms sometidos a servidumbre, y que descubría en mí todas las cualidades de un yahoo, sólo que un poco más civilizado por algún rudimento de razón. Sin embargo, era yo, según dijo, tan inferior a la raza houyhnhnm como lo eran a mi los yahoos de su tierra.

Esto fue todo lo que mi amo creyó conveniente decirme por entonces de lo ocurrido en el gran consejo.

Pero le cumplió ocultar un punto que se refería personalmente a mí, del cual había de tocar pronto los desdichados efectos, como el lector encontrará en el lugar correspondiente, y del que hago derivar todas las posteriores desdichas de mi vida.

Los houyhnhnms no tienen literatura, y toda su instrucción es, por lo tanto, puramente tradicional. Pero como se dan pocos acontecimientos de importancia en un pueblo tan bien unido, naturalmente dispuesto a la virtud, gobernado enteramente por la razón y apartado de todo comercio con las demás naciones, se conserva fácilmente la parte histórica sin cargar las memorias demasiado. Ya he consignado que no están sujetos a enfermedad ninguna, y no necesitan médicos, por consiguiente. No obstante, tienen excelentes medicamentos, compuestos de hierbas, para curar casuales contusiones y cortaduras en las cuartillas o las ranillas, producidas por piedras afiladas, así como otros daños y golpes en las varias partes del cuerpo.

Calculan el año por las revoluciones del sol y de la luna, pero no lo subdividen en semanas. Conocen bien los movimientos de esos dos luminares y comprenden la teoría de los eclipses. Esto es lo más a que alcanza su progreso en astronomía.

En poesía hay que reconocer que aventajan a todos los demás mortales; son ciertamente inimitables la justeza de sus símiles y la minuciosidad y exactitud de sus descripciones. Abundan sus versos en estas dos figuras, y por regla general consisten en algunas exaltadas nociones de amistad y benevolencia, o en alabanzas a los victoriosos en carreras y otros ejercicios corporales. Sus edificios, aunque muy rudos y sencillos, no son incómodos, sino, por lo contrario, bien imaginados para protegerse contra las injurias del frío y del calor. Hay allí una clase de árbol que a los cuarenta años se suelta por la raíz y cae a la primera tempestad; son muy derechos, y aguzados como estacas con una piedra de filo -porque los houyhnhnms desconocen el uso del hierro-, los clavan verticales en la tierra, con separación de unas diez pulgadas, y luego los entretejen con paja de avena o a veces con zarzo. El techo se hace del mismo modo, e igualmente las puertas.

Los houyhnhnms usan el hueco de sus patas delanteras, entre la cuartilla y el casco, como las manos nosotros, y con mucho mayor destreza de lo que en un principio pude suponer. He visto a una yegua blanca de la familia enhebrar con esta articulación una aguja, que yo le presté de propósito. Ordeñan las vacas, siegan la avena y hacen del mismo modo todos los trabajos en que nosotros empleamos las manos. Tienen una especie de pedernales duros, de los cuales, por el procedimiento de la frotación con otras piedras, fabrican instrumentos que hacen el oficio de cuñas, hachas y martillos. Con aperos hechos de estos pedernales cortan asimismo el heno y siegan la avena, que crecen en aquellos campos naturalmente. Los yahoos llevan los haces en carros a la casa y los criados los pisan dentro de unas ciertas chozas cubiertas, para separar el grano, que se guarda en almacenes. Hacen una especie de toscas vasijas de barro y de madera, y las primeras las cuecen al sol.

Si aciertan a evitar los accidentes, mueren sólo de viejos, y son enterrados en los sitios más apartados y obscuros que pueden encontrarse. Los amigos y parientes no manifiestan alegría ni dolor por el fallecimiento, ni el individuo agonizante deja ver en el punto de dejar el mundo la más pequeña inquietud; no más que si estuviese para regresar a su casa después de visitar a uno de sus vecinos. Recuerdo que una vez, estando citado mi amo en su propia casa con un amigo y su familia para tratar cierto asunto de importancia, llegaron el día señalado la señora y sus dos hijos con gran retraso. Presentó ella dos excusas:

una, por la ausencia de su marido, a quien, según dijo, le había acontecido lhnuwnh aquella misma mañana.

La palabra es enérgicamente expresiva en su idioma, pero difícilmente traducible al inglés; viene a significar retirarse a su primera madre. La excusa por no haber ido más temprano fue que su esposo había muerto avanzada la mañana, y ella había tenido que pasar un buen rato consultando con los criados acerca del sitio conveniente para depositar el cuerpo. Y pude observar que se condujo ella en nuestra casa tan alegremente como los demás. Murió unos tres meses después.

Por regla general, viven setenta o setenta y cinco anos; rara vez, ochenta. Algunas semanas antes de la muerte experimentan un gradual decaimiento, pero sin dolor. Durante este plazo los visitan mucho sus amigos, pues no pueden salir con la acostumbrada facilidad y satisfacción. Sin embargo, unos diez días antes de morir, cálculo en que muy raras veces se equivocan, devuelven las visitas que les han hecho los vecinos más próximos, haciéndose transportar en un adecuado carretón, tirado por yahoos, vehículo que usan no sólo en esta ocasión, sino también en largos viajes, cuando son viejos y cuando quedan lisiados a consecuencia de un accidente. Y cuando el houyhnhnm que va a morir devuelve esas visitas, se despide solemnemente de sus amigos como si fuese a marchar a algún punto remoto del país donde hubiera decidido pasar el resto de su vida.

No sé si merece la pena de consignar que los houyhnhnms no tienen en su idioma palabra ninguna para expresar nada que represente el mal, con excepción de las que derivan de las fealdades y malas condiciones de los yahoos. Así, denotan la insensatez de un criado, la omisión de un pequeño, la piedra que les ha herido la pata, una racha de tiempo enredado o impropio de la época, añadiendo a la palabra el epíteto de yahoo.

Por ejemplo: Hhnm yahoo, Whnaholm yahoo, Ynlhmndwihlma yahoo, y una cosa mal discurrida, Ynholmhnmtohlmnw yahoo.

Con mucho gusto me extendería más hablando de las costumbres y las virtudes de este pueblo excelente; pero como intento publicar dentro de poco un volumen dedicado exclusivamente a esta materia, a él remito al lector. Y en tanto, procederé a referir mi lastimosa catástrofe.