(Alegres compadres de taberna.) FROSCH ¿Nadie quiere beber?, ¿nadie se ríe? ¡Ojo, que os voy a poner mala cara! Vosotros, que en otras ocasiones ardéis en llamas, estáis hoy como paja mojada. BRANDER Es por tu culpa. No aportas nada, ni una sandez, ni una mamarrachada. FROSCH (Le vierte un vaso de vino en la cabeza.) Ahí tienes ambas. BRANDER Eres un cerdo por partida doble. FROSCH Si tú lo has querido, así ha de ser. SIEBEL ¡Afuera los que riñen! ¡Cantemos a pleno pulmón! ¡Bebed y gritad! ¡Hala, eh! ALTMAYER ¡Pobre de mí!, estoy perdido. ¡Que me traigan algodones para los oídos! Este muchacho me los va a reventar. SIEBEL Si la bóveda resuena, se siente la potencia del bajo. FROSCH ¡Vamos!, y que se vaya quien se lo tome mal. Tra-la-rá-lará. ALTMAYER Tra-la-rá-la-rá. FROSCH Las gargantas están bien templadas. (Cantando.) Querido y Sacro Imperio Romano, ¿cómo puedes tenerte aún en pie? BRANDER ¡Repelente! ¡Una canción política, una canción triste! Agradece a Dios cada día que no tengas que preocuparte por el Imperio Romano. Me parece un magnífico logro no ser ni emperador ni canciller. Pero no debe faltar un mandatario. Elijamos Papa. Sabéis qué cualidad es la importante, la que eleva al hombre. FROSCH (Canta.) Flota por el aire, señora ruiseñor. Saluda diez mil veces a mi amorcito. SIEBEL Ningún saludo al amorcito. No quiero oír hablar de eso. FROSCH No me impedirás ni saludar ni besar al amorcito. (Canta.) Se abre el cerrojo, en la noche oscura. Se abre el cerrojo, la amada se despierta. Se cierra el cerrojo, en la clara mañana. SIEBEL ¡Sí, canta, canta, alábala y elógiala! Cuando me llegue el turno, me reiré. A mí me engañó y contigo hará lo mismo. A la amada, que le regalen un duende que retoce con ella en un Via-crucis y un viejo macho cabrío que, cuando regrese del Blocksberg, le bale un «buenas noches» al galope. Para esa fulana es demasiado bueno un muchacho de carne y hueso auténticos. El único saludo que le haría sería romperle los cristales de su ventana. BRANDER (Dando golpes en la mesa.) ¡Atended, atended! ¡Escuchadme! Confesad, señores, que yo sé vivir bien. Aquí se sientan personas enamoradas y conforme a la buena educación. A estos, al darles las buenas noches, hay que obsequiarles con algo. ¡Atención! ¡Oídme la canción de última moda! ¡Cantad conmigo fuerte el estribillo! (Canta.) Había una rata en la despensa CORO (Jubiloso.) Como si en el pecho abrigara el amor. BRANDER Empezó a dar vueltas, luego salió. CORO Como si en el pecho abrigara el amor. BRANDER Un día claro, siendo presa del miedo, CORO Como si en el pecho abrigara el amor. SIEBEL Cómo se divierten estos muchachos tan simplones. Me gusta mucho el arte de echarles veneno a las pobres ratas. BRANDER ¿Tienes predilección por ellas? ALTMAYER El ventrudo calvete se enternece con la desgracia. Ve su propia imagen reflejada en la de la hinchada rata. (Entran FAUSTO y MEFISTÓFELES.) MEFISTÓFELES Antes de nada, quiero ponerte en compañía de gentes alegres para que veas lo fácil que es la vida. Para el pueblo aquí reunido, todos los días son fiesta. Con poco talento y mucho placer, todos giran danzando en estrechos círculos, como gatitos persiguiendo su cola. Mientras que no se quejen de dolor de cabeza, el tabernero les sigue fiando y están satisfechos y despreocupados. BRANDER Parece que están de viaje, tienen un aspecto extraño; seguro que no llevas aquí ni una hora. FROSCH Verdaderamente tienes razón. Adoro mi Leipzig. Es como un pequeño París que deja su impronta en la gente. SIEBEL ¿De dónde crees que son esos forasteros? FROSCH ¡Voy a ver! Con un solo vaso y con la facilidad con la que se arranca un diente voy a sonsacar a estos tipos. Parecen de familia distinguida, tienen aires altivos y descontentos. BRANDER Apuesto a que son charlatanes de fiesta. ALTMAYER Quizá. FROSCH Ved cómo me río de ellos. MEFISTÓFELES (A FAUSTO.) La gentuza del pueblo no siente la presencia del diablo aunque les esté cogiendo por el cuello. FAUSTO ¡Sean saludados, señores! SIEBEL Muchas gracias, igualmente. (A media voz, mirando a MEFISTÓFELES de reojo.) ¿Por qué cojeará ese? MEFISTÓFELES ¿Nos permiten sentarnos con ustedes? En lugar de un buen trago, que aquí falta, disfrutaremos de la compañía. ALTMAYER Parece usted un hombre muy bien tratado por la vida. FROSCH ¿Han salido esta noche de Rippach con retraso? ¿Han cenado en casa del señor Hans? MEFISTÓFELES Hoy hemos pasado de largo ante su casa; la última vez ya charlamos con él. Nos habló mucho de sus primos. Nos dio recuerdos para todos. (Se inclina haciéndole una reverencia a FROSCH.) ALTMAYER (En voz baja.) ¡Chúpate esa! Este sí que entiende. SIEBEL Es todo un sinvergüenza. FROSCH Descuida, que ya le cazaré. MEFISTÓFELES Si no me equivoco, al llegar escuchábamos un coro de voces bien entonadas. Sin duda alguna, el canto debe resonar muy bien bajo estas bóvedas. FROSCH Seguro que usted es un virtuoso. MEFISTÓFELES No; mi capacidad es endeble, pero el placer es grande. ALTMAYER ¡Cántenos algo! MEFISTÓFELES Si lo desean; puedo entonar muchas canciones. SIEBEL Una pieza nueva. MEFISTÓFELES Acabamos de volver de España, el bello país del vino y sus canciones. (Canta.) BRANDER No olvidéis encarecerle al sastre que mida con la máxima exactitud y que, si tiene estima por su cabeza, no le salgan arrugas en las calzas. MEFISTÓFELES De terciopelo y de seda CORO (Jubiloso.) Las aplastamos y matamos tan pronto como una nos pica. FROSCH ¡Bravo!, ¡bravo!, eso estuvo muy bien. SIEBEL Ese es el merecido de todas las pulgas. BRANDER Hay que afilar las uñas y machacarlas. ALTMAYER ¡Viva la libertad!, ¡viva la vida! MEFISTÓFELES Alzaría mi copa para honrar la libertad, si vuestro vino fuera más bueno. SIEBEL No queremos volver a oír eso. MEFISTÓFELES Me temo que el tabernero se ofendería, pero, de no ser así, daría de mis bodegas algo mejor a estos dignos huéspedes. SIEBEL Venga, venga, esta corre por mi cuenta. FROSCH Procuradnos un buen trago y os alabaremos. Pero no nos deis catas muy pequeñas, que yo para juzgar necesito tener la boca llena. ALTMAYER (En voz baja.) Me parece que son del Rin. MEFISTÓFELES Conseguidme una barrena. BRANDER ¿Para qué? ¿Pero es que no tenéis los barriles ante la puerta? ALTMAYER Ahí, detrás del tabernero, hay una espuerta con herramientas. MEFISTÓFELES (Toma la barrena. A FROSCH.) Ahora dígame, ¿qué quiere usted probar? FROSCH Pero, ¿qué significa esto?, ¿tenéis varios vinos? MEFISTÓFELES ¡Ofrezco a cada cual su preferido! ALTMAYER Ah, ¡ya empiezas a relamerte! FROSCH ¡Bien! Si tengo que elegir, prefiero tomar vino del Rin. La patria nos ofrece las mejores dádivas. MEFISTÓFELES (Mientras va haciendo un agujero en el canto de la mesa, a la altura del sitio donde se sienta FROSCH.) Consígame un poco de cera para hacer espitas. ALTMAYER Ah, son juegos de ilusionismo. MEFISTÓFELES ¿Qué queréis? BRANDER Quiero vino de la Champaña, y debe tener mucha espuma. (MEFISTÓFELES sigue barrenando mientras otro va haciendo y colocando los tapones de cera.) No se puede estar evitando lo extranjero constantemente. A menudo, lo bueno se encuentra lejos de nosotros. Un auténtico alemán no soporta a un francés, pero bebe con gusto sus vinos. SIEBEL (Mientras MEFISTÓFELES se va acercando a su sitio.) Lo confieso: no me gusta el seco. Dadme un vaso de genuino vino dulce. MEFISTÓFELES (Barrenando.) Enseguida saldrá Tokay de aquí. ALTMAYER ¡Nada, señores, mírenme a la cara! Sé que este hombre nos está tomando el pelo. MEFISTÓFELES ¿Qué me dice usted? Con estos distinguidos huéspedes sería demasiado atrevimiento. Rápido, diga con franqueza qué vino he de servirle. ALTMAYER Cualquiera. Y no pregunte tanto. (Una vez que los agujeros han sido barrenados y taponados.) MEFISTÓFELES (Con gestos raros.) La cepa tiene racimos, TODOS (Mientras quitan los tapones y reciben en el vaso el vino deseado.) ¡Qué buena fuente esta que nos sacia! MEFISTÓFELES Tened cuidado de derramar nada (Ellos continúan cantando.) TODOS (Cantando.) Nos va hacer el caníbal como a quinientos puercos. MEFISTÓFELES El pueblo es libre. Ved lo bien que le va. FAUSTO Me gustaría marcharme ahora mismo. MEFISTÓFELES Primero asiste a ver cómo se manifestará la bestialidad de modo esplendoroso. SIEBEL (Bebe descuidadamente. El vino cae al suelo y se convierte en llamas.) ¡Socorro!, ¡fuego!, ¡socorro!, ¡arde el infierno! MEFISTÓFELES (Hablando a la llama.) Tranquilízate, amigo elemento. (A los compadres.) Esta vez sólo fue una pavesa del purgatorio. SIEBEL ¿Qué es eso? Espera. La va a pagar. Me parece que no sabéis quiénes somos. FROSCH ¡Que no se atreva a hacerlo por segunda vez! ALTMAYER Creo que lo mejor es decirle que se vaya de aquí. SIEBEL ¿Qué pasa, señor? ¿Os divierten vuestros juegos de magia? MEFISTÓFELES Cállate ya, viejo tonel de vino. SIEBEL Palo de escoba, ¿aún quieres insultarnos? BRANDER Espera, que te va a caer una lluvia de palos. ALTMAYER (Quita un tapón de la mesa y le viene fuego encima.) Me quemo, me quemo. SIEBEL Brujería. Vamos a por él, se ha abierto la veda. (Sacan las navajas y se acercan a MEFISTÓFELES.) MEFISTÓFELES (Con ademanes serios.) ¡Falsos dichos e imágenes (Se quedan aturdidos mirándose unos a otros.) ALTMAYER ¿Dónde estoy? ¡Qué bello país! FROSCH ¿Es cierto que estoy viendo viñas? SIEBEL Y los racimos están a mano. BRANDER Aquí, en esta verde vegetación, ¡mirad qué racimos!, ¡mirad qué uvas! (Agarra a SIEBEL por la nariz; los otros lo hacen mutuamente y levantan las navajas.) MEFISTÓFELES (Como antes.) Error, quítales la venda de los ojos. Ahora comprobad cómo se divierte el demonio. (Desaparece con FAUSTO mientras los compadres se separan unos de otros.) SIEBEL ¿Qué es esto? ALTMAYER ¿Cómo? FROSCH ¿Era esta tu nariz? BRANDER (A SIEBEL.) Y la tuya la tengo en la mano. ALTMAYER Este golpe me ha hecho estremecer los miembros. Traedme una silla, que me caigo. FROSCH No; dime ¿qué ha pasado? SIEBEL ¿Dónde está ese tipo? Si lo encuentro, no se me ha de escapar vivo. ALTMAYER Yo lo he visto salir por la puerta cabalgando sobre un tonel. Mis pies pesan como el plomo. (Volviendo a la mesa.) Y no sigue manando ese vino. SIEBEL Fue todo un engaño. Mentira y apariencia. FROSCH Pues a mí me parece como si hubiera bebido vino. BRANDER Y ¿qué era aquello de las uvas? ALTMAYER Y ahora, que alguien me diga que no hay que creer en milagros. |